Del Conocimiento para laborar

Uno de los muchos problemas que aquejan a nuestro sufrido México, es la falta de trabajo. Cierto es que, como he podido observar en el área industrial de San Juan del Río, en el Estado de Querétaro, hay ofertas para puestos de obreros generales y unos cuantos para los más calificados; seguramente en otras entidades del país sucede lo mismo.

Evidentemente los mejores y menos puestos son para obreros o empleados altamente calificados, supervisores, gerentes, directores, abogados, médicos, ingenieros, arquitectos, etc., etc., a los cuales se les somete, como solicitantes, a una primera entrevista en el área de recursos humanos; más tarde, a exámenes psicométricos o psicológicos; de cultura general y básicamente, sobre los conocimientos que se requieren para el puesto. .

Ni que decir que para los profesionistas se les pide el título profesional, o carta de pasante, o cédula profesional; en algunos casos, hasta grado de maestría o doctorado.

Todo lo anterior, en mi personal punto de vista, es lo correcto, lo adecuado, y lo necesario para garantizar el buen desempeño y productividad del contratado en la empresa.

Sin embargo, en toda la baraja de puestos de trabajo que pueda uno imaginar, existen otros puestos que no requieren cumplir ninguna condición de los citados. ¿A qué me refiero? Pues a todo aquel que apenas sepa escribir y “ler”, puede aspirar a ocupar un puesto de diputado local o federal, o senador, o presidente municipal e inclusive, de Servidores Públicos.

Tristemente hemos constatado que algunos diputados no tienen la mínima idea de cuántos artículos tiene la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (que así se llama México) y sobre la que “legislan”.

¿Qué hay diputados o senadores excelentes, honrados y con conocimientos? ¡Sí, por supuesto! Pero es una vergüenza ver el comportamiento de los legisladores en las cámaras (como ocurrió recientemente en la Asamblea Legislativa del DF) o bien observar como ocupan las curules para dormitar, o aún la baja asistencia en algunos casos.

A las cámaras se han visto arribar lo mismo deportistas, que artistas, que “juniors”, o líderes, como abanderados de los partidos políticos, los que solo buscan un número de votos para gozar de los beneficio$$$ que les otorga la ley. Iniciativas dormidas por la conveniencia partidista, como el nombramiento de ministros y fiscales de todo tipo, son ejemplos de lo anterior.

Si los legisladores no tienen empacho ni vergüenza, debería tenerla la sociedad civil. Nuevamente: ¡Ya basta! ¿Hasta cuándo el pisoteado pueblo de México lo seguirá permitiendo?

¿Quién será el que le ponga el cascabel al gato?