Del Servicio Militar Nacional

En los primeros años de la década de los 40, el mundo se encontraba sumido en el horror de la llamada Segunda Guerra Mundial. Los países del “Eje”, Alemania, Italia y Japón, con el líder Adolfo Hitler, se enfrentaban a los “aliados” encabezados por Inglaterra y Estados Unidos.

Con el supuesto hundimiento del buque tanque mexicano “Potrero del Llano”, el entonces presidente de México, el general Manuel Ávila Camacho, se vio obligado a incorporarse al conflicto armado, uniéndose a los “aliados”.

Recuerdo muy bien en esa época, que mi padre recibía instrucción militar en las Reservas del Ejército Mexicano (por aquello de “por si las moscas”). Durante muchos años posteriores a esta época, se instituyó en México el Servicio Militar Nacional, en un principio con un período de “acuartelamiento” y posteriormente con la instrucción militar que los “conscriptos” recibían cada ocho días, durante un año y al cumplir diez y ocho, con lo que “liberaban” su cartilla militar.

En la actualidad, muchos jóvenes han perdido el respeto a su himno, a su bandera y al amor a su patria, valores que inculcaba el Servicio Militar Nacional y también en las escuelas primarias. El deterioro empezó, a mi humilde entender, con el sorteo de “Bolas blancas o negras”, para acudir o no, al Servicio que fue obligatorio en décadas pasadas.

Los jóvenes de hoy, con sus honrosas excepciones, son “patriotas” en el mes de septiembre o cuando juega la Selección Nacional de fútbol, pero dejan de serlo cuando se convierten en “ninis” y a veces, en alcohólicos, drogadictos o parte del crimen organizado. Desde luego los jóvenes que estudian o trabajan, tampoco se salvan de este “patriotismo”

¿Porqué no revivir el Servicio Militar Nacional obligatorio? Si no es o fue la panacea para tener mejores ciudadanos, en mucho ayudaría a nuestra descarriada juventud. Soluciones habrá muchas para rescatar a nuestros niños y jóvenes del sinuoso camino de la falta de valores; ésta, es una modesta propuesta, para que no digan que sólo se critica.

¿Quién será el que le ponga el cascabel al gato?