Una de las acepciones de “Mito”, es el sentido figurativo y se refiere a “Cosa que no tiene realidad concreta”. La mitología, por lo tanto, se define como una “Historia de los dioses, semidioses y héroes de la antigüedad”

Siendo así, han existido la mitología griega, la mitología romana, y en nuestro continente, entre otras, la mitología mexica o azteca. En nuestro México existen un sin número de mitos o mentiras que la gente da por verdaderas, a menos que profundicen en nuestra historia.

Por ejemplo, se da por hecho que el cura Hidalgo cuando llamó a la rebelión, tocó la campana de la iglesia de Dolores, cuando la verdad quien la tocó fue el campanero José Galván, mientras Hidalgo arengaba a la población.

Otro mito se refiere a Juan Escutia, cadete del H. Colegio Militar, quien no se lanzó envuelto en la bandera mexicana. En realidad fue el cadete Margarito Suazo quién estando herido, se envolvió en la bandera y así llegó a su casa. Y en cuanto a los niños héroes, pues no sólo fueron siete, sino más de cincuenta, de los que la historia no es mencionada en las aulas.

Un mito más es, el que se le atribuye a Francisco Madero la frase “Sufragio efectivo, no reelección”, misma que fue pronunciada por Porfirio Díaz cuando perdió una elección contra Benito Juárez.

Otro mito más conocido en la actualidad, es la del “fuero”. La doctrina jurídica clásica concibe al fuero como aquella prerrogativa de senadores y diputados, así como de otros servidores públicos contemplados en la Constitución, que los exime de ser detenidos o presos. A esto se le llamó “inmunidad parlamentaria”. Pero su origen fue precisamente conceder la inmunidad parlamentaria para que ningún legislador fuese detenido por expresar sus ideas, sobre todo cuando eran opuestas al Ejecutivo en turno. Para eso se creó y ahora resulta que se utiliza para proteger delitos del fuero común. ¿No les parece una aberración?

Terminaremos esta nota con otro mito, el de la autonomía de la Universidad, pensada como la facultad de autorregulación, autoorganización académica y autogestión administrativa; es el principio establecido en la Carta Magna para otorgar una protección constitucional especial a la universidad pública, a fin de que pueda cumplir con la obligación constitucional y la responsabilidad social

de proveer a los estudiantes universitarios de una educación superior de calidad. Pero su origen fue el de dotarla de la libertad de cátedra.

Ahora, apena escuchar al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México decir que sólo entrarían a las instalaciones de CU, a petición de sus autoridades; mientras tanto, se siguen presentando homicidios y una descarada venta de drogas en el campus y nadie “puede hacer nada”. ¿En dónde quedan las autoridades de esa casa de estudios? Y la cereza del pastel, el famoso auditorio Che Guevara, convertido en cueva de fósiles, flojos, drogadictos y algo más. ¿Hasta cuando se pregunta la sociedad?

¿Quién será el que le ponga el cascabel al gato?