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Fotografía como instrumento político en guerra

Jimena Black

Durante ambas guerras mundiales, la prensa de los aliados igual que la prensa alemana, estaba llena de fotografías alteradas; lo que se publicaba estaba cuidadosamente escogido y no se masificaba nada que pudiera perjudicar a su defensa, tampoco se permitía mostrar las destrucciones causadas por sus ejércitos.
Muchas veces las fotografías no llegaban a retratar el verdadero reportaje, solamente se usaban como imagen de impacto para resaltar titulares que no tenían mucho que ver con lo que, en la realidad, había sucedido mientras la fotografía se capturaba; después de todo una imagen vale más que mil palabras y quien posee dichas imágenes puede hacer que cualquier historia parezca verídica.


Aunque actualmente la censura sigue siendo algo cotidiano, en épocas pasadas, sobre todo en tiempos de guerras, era aun peor. No sólo agencias, periódicos o revistas censuraban o escogían las fotografías que podían llevarse al ojo público, los mismos fotógrafos se encargaban de censurarse a ellos mismos, no fijaban imágenes de los aspectos horribles de la guerra de manera igualitaria, tenían miedo y se refugiaban en un falso patriotismo. No había que exhibir imágenes que pudieran perjudicar el esfuerzo bélico, se tenía que impedir a toda costa la publicación de imágenes que despertaran conciencia y volvieran la guerra algo impopular. Los países aliados no verían fotografías de los bombardeos a pueblos alemanes inocentes, así como tampoco los japoneses verán a los hombres aplastados en Pearl Harbor. Los fotógrafos creían que censurarse era por una buena causa, después de todo, lo que el público debía ver era que su forma de pelear era limpia y justa.

La mentalidad de los fotógrafos comenzó a cambiar a partir de la guerra de Corea, pues se veían enfrentados a una doble tragedia, por un lado, los norteamericanos tenían que combatir en una guerra que no entendían y, por el otro, el pueblo coreano sufriendo una guerra fratricida.
La guerra de Vietnam fue el punto decisivo, los fotógrafos atacaron y laceraron la opinión pública. Durante la segunda guerra la autocensura existía porque se creía que luchaban por una causa justa, pero a medida que pasaban los años y la destrucción de Vietnam seguía era más que evidente la falta de justicia que existía en esa causa; los fotógrafos que no eran norteamericanos tenían aún menos razones para proteger una causa totalmente movida por ambición, fueron los primeros en denunciar la catástrofe a través de sus imágenes.

Con la nueva crudeza que había adquirido la fotografía, que retrataba la miseria de las poblaciones y, también, la miseria de los soldados invasores, lograron que el público se volviera consciente de los graves daños que esa guerra había causado, una guerra que se movía alrededor del caucho natural, estaño y demás materias primas que se encontraban estratégicamente bien ubicadas en este lugar del sudeste asiático.

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