Raúl Carballeda

EL CASCABEL DEL GATO: HABLANDO DE TOPES

Raúl Carballeda

Hace algunos ayeres visitaba en época vacacional, a una querida amiga originaria y radicando en un pueblo del Estado de Jalisco llamado Zapotiltic, con tantos “topes” en su vía de acceso, que yo le denominaba “Topestiltic”. Ignoro si persista esta situación

De forma semejante en la época en que viajaba de Poza Rica, Veracruz llamada en ese tiempo “la capital petrolera del mundo”, hacia la ciudad de México, en el poblado serrano de Villa Juárez, Puebla (en ese entonces no se contaba con autopista), en un tramo carretero de unos cuantos cientos de metros la velocidad máxima a la que se podía circular no alcanzaba los cinco kilómetros por hora, debido a la enorme cantidad de dichos “topes”.

Un ejemplo más de estos singulares tropiezos, se da en la Ciudad de México y su área conurbada, en donde se han fijado límites de velocidad tanto en vías primarias o “rápidas”, como en vías secundarias, velocidades que pocas veces se pueden alcanzar debido a los malditos “topes” amén de la enorme cantidad de vehículos que hacen en ocasiones que las calles se conviertan en un mega estacionamiento. 

Y nos preguntamos: ¿de verdad esta es la solución para proteger al peatón y hacer más fluida la circulación? Debemos compararnos, para no ir más lejos, con nuestro vecino del norte, en donde no hay “topes” pero sí letreros de “stop”. Cuando un paisano cruza la frontera, inmediatamente su comportamiento al volante cambia por completo. ¿Se debe a las altas multas que se aplican allende la frontera a quienes transgreden el reglamento de tránsito? Seguramente sí, pero en nuestro país hay otros factores como la corrupción, la negligencia e irresponsabilidad de las autoridades.

Las oficinas de tránsito en las entidades federativas, no realizan exámenes adecuados a los solicitantes de una licencia de conducir. ¿Cuántos de ellos conocen el reglamento de su entidad, las señales cuáles y cuántas, el tipo de curvas en la carretera, la velocidad en las zonas urbanas, los vehículos que tienen prioridad de paso, los lugares prohibidos para estacionarse, en fin?  Y no sólo eso, que demuestren que saben conducir un vehículo, el respeto a las señales ´para hacer alto o dar vuelta, el respeto al peatón, la distancia entre vehículos en movimiento, etc. Quizá algunos sí, pero a la gran mayoría transgresora “les vale”, con una “untada de mano” queda resuelto el problema. 

Se verá mal, pero recuerdo cuando pude solicitar una licencia de automovilista, en el año de 1958, la oficina de tránsito del Distrito Federal se localizaba en la Calle del Carmen, en el Centro Histórico, tuve que presentar un examen de conocimiento del reglamento vigente, y no solo eso, sino además un examen de manejo. Por eso considero que la solución para eliminar los “topes” es una verdadera educación vial desde edad temprana y la enérgica actuación de las autoridades. Con ello, se disminuirían los accidentes de tránsito y la pérdida de vidas, aunado a la mejor conservación de los vehículos. ¿Sería mucho pedir? Eliminemos los “topes” e incrementemos el monto a pagar por las infracciones. ¡Fuera topes!

Y de los topes que nos damos día a día con las mañaneras y “el estilo personal de gobernar” (Daniel Cosío Villegas), hablaremos otro día. Mientras tanto,

¿Quién será el que le ponga el cascabel al gato?