De los revendedores

 

Durante alrededor de seis años tuve el gusto de compartir espacio en la Sección de Deportes del Diario Imagen de la capital zacatecana, con el buen amigo y excelente taurino Óscar Fernández Sánchez. Él, con su columna “Desde el Tendido”, y su servidor primero con “De Toros, Vino y Algo Más” y más tarde con “Por la Puerta Grande”.

Mi afición por los toros, evidentemente, hace que en la medida de las posibilidades, esté pendiente de los aconteceres de la fiesta brava, y en días pasados me tocó ver en los espacios noticiosos, una gran noticia: la venta anticipada para una esperada corrida en la Monumental Plaza México, durante su ya inevitable Temporada Grande 2017-2018.

Lo que presencié removió mis muy antiguos recuerdos sobre un hecho absolutamente hijo de la corrupción: la reventa. Pocos minutos después de abiertas las taquillas, se pudo observar un total desorden y pleitos entre los revendedores. Apretujones, empujones, golpes, palabras soeces, todo, con tal de accesar a las taquillas para, en un aparente total contubernio con los taquilleros, adquirir los boletos que se les negarán más tarde a los aficionados, que resulta ser lo más grave.

Este fenómeno, escandaloso y pútrido, de siempre ha existido lo mismo en los eventos masivos deportivos, como el fútbol, que en los espectáculos artísticos, como el teatro. Los revendedores surgen casi de manera espontánea en los espectáculos y se desenvuelven con toda impunidad a pesar de la presencia de la policía, que de vez en vez, “levantan” a uno de ellos para remitirlo a la autoridad.

Me pregunto: ¿si los reglamentos lo prohíben, porqué se permite la reventa? ¿existe contubernio con los taquilleros o más aún, con las propias empresas? ¿los sobreprecios, algunos infames, estarán considerados en la medida del costo de la corrupción en nuestro país? ¿las autoridades lo solapan en beneficio de sus bolsilos? ¿para los aficionados o asistentes a estos eventos, será más importante presenciarlos, que aplicar valores morales y evitar adquirir los accesos a estos precios fijados por las mafias?

¡Ya basta! Y no salgan que los revendedores son parte de la economía informal y que tienen derecho a llevar el pan a sus familias. Será, pero, ¿a qué precio? ¿Cuándo los veremos desaparecer para beneficio del bolsillo de los asistentes? ¿Qué nos podrán decir los señores, ahora Delegados de las diez y seis delegaciones de la Ciudad de México?

¿Quién será el que le ponga el cascabel al gato?