Todo en este mundo cambió en 70 días, a partir de que Donald Trump llegó por segunda ocasión al despacho Oval de la Casa Blanca.
De entrada, porque el magnate llegó con nuevos amigos y colaboradores, un equipo mucho más ultra que en su primera presidencia, y con una idea e intención más radical para relanzar el predominio de EU: MAGA o Make America Great Again.
Y para ello se ha aliado al ruso Vladimir Putin y abierto una nueva alianza con el líder chino Xi Jinping.
Para alcanzar sus objetivos, llegó el 20 de enero con la espada desenvainada contra el resto del mundo.
A México lo acusó de estar cogobernado con el narco; lo amenazó con aranceles del 25 por ciento a todas sus exportaciones hacia EU si no paraba el flujo de fentanilo junto con el de migrantes, y anunció que declararía como terroristas a sus carteles de la droga, junto con su intención de combatirlos incluso con intervenciones militares directas.
Trump adelantó además que iría por su anexión de Canadá, el Canal de Panamá y de Groenlandia. Y, de hecho, dijo que buscaría terminar con la guerra de Ucrania en una negociación directa de él con Vladimir Putin.
En el mismo acto anunció su divorcio con la Unión Europea y prácticamente dio por terminada su participación en la OTAN, al informar que EU no subsidiaría más a esa organización. Canceló su participación en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y se salió de la Organización Mundial de la Salud.
Internamente canceló la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), a través del cual derramaba cientos de millones de dólares anuales a organizaciones defensoras de la democracia en el mundo.
Todo ello, y lo más que dijo, adelantaron un nuevo reordenamiento y realineamiento geográfico, económico y político mundial.
A mí me sorprende que todavía existan quienes creen que Trump solo es un bocón, un tipo megalómano que no cumplirá lo que dice. Que sus granades empresarios y lideres políticos internos lo detendrán.
Llegó, a impuso agenda y destino en México
Y hay quienes lo piensan y creen en México a pesar de que Trump se ha apoderado y marcado las decisiones internas en México.
A las 24 horas de asumir el cargo, comenzó a blindar la frontera de EU con México al enviar a miles de soldados norteamericanos para desplegarse a lo largo de los 3 mil kilómetros de esta frontera, y al mismo tiempo reforzar a la Patrulla Fronteriza -mejor conocida como ‘la migra´-; e incluir en este frente al FBI, la DEA, la ATF y otras agencias.
Designó un Zar Antimigración y prodeportaciones; y dio ordenes para que la principal tarea del Comando Norte fuese combatir al narco en México. Y designó como nuevo embajador en México a Ronald Johnson, un halcón ultra, con amplias demostraciones antinarcos, que ha sido cercano al muy controvertido y super-duro presiden Nayib Bukele en su paso diplomático por El Salvador.
Por si hay quienes todavía no creen que vengan golpes fuertes, Trump declaró formalmente como terroristas a 6 carteles mexicanos y al parejo se comenzaron a realizar sobrevuelos que ya suman cientos, de aviones y drones con la más moderna tecnología en localización y ubicación de objetivos y de intervención de comunicaciones, a lo cual ahora se han sumado un portaviones y varios destructores que cierran el paso hacia las aguas norteamericanas en el Pacífico y el Golfo de México.
Todo ello apunta a una obvia intervención militar vía drones, o de otro tipo contra carteles mexicanos de la droga… y acciones de presión para que la presidenta Sheinbaum deje de hacer como que la Virgen le habla y actúe decididamente contra políticos y altos funcionarios vinculados al narco.
Ahí están en primer lugar los gobernadores de Sinaloa, de Tamaulipas, de San Luis Potosí o en Guerrero y en coordinaciones en el Senado o en la SEP.
Luego de semanas de declaraciones, Trump ya aplicó aranceles a autos y otros vehículos producidos en México, Canadá, Alemania, sur Corea y Japón y pasado mañana, miércoles 2 de abril, los extenderá a todas sus importaciones.
México depende esencialmente en su economía del 80 o más de exportaciones a EU.
En los hechos esto significa para México el fin del T-MEC, y con ello -aparte del inicio de una crisis económica insospechada- la desaparición del nonato Plan México y la cancelación de las fabulosas perspectivas del nearshoring o relocalización de inversiones, empresas y plantas industriales en México.
Frente a estos hechos el analista Jorge Suarez Vélez, miembro de las más importantes consultoras del mundo desarrollado, pregunta:
“… qué hará México -más allá de fiestas en el Zócalo- ante el brutal cambio de entorno (planteado por Trump). El anhelado «nearshoring» está herido de muerte. ¿Qué vamos a cambiar? ¿Qué pensamos hacer para incrementar nuestro atractivo como destino de inversión? ¿Cómo fomentaremos inversión privada, sin la cual, con absoluta certeza, viviremos una recesión profunda? ¿Estamos dispuestos a revertir o moderar la «Reforma» Judicial que tanto daña a la inversión? Hay más preguntas que respuestas. Y, quizá, lo más importante a considerar es que en EU el péndulo se detuvo en el extremo aislacionista y proteccionista. No tenemos tanto tiempo para estar listos para aprovechar cuando éste venga de regreso. Y vendrá”, concluye.
Yo sólo insisto: ¿en verdad podemos continuar pensando que Trump es un bobo hocicón que no hará lo que sus hechos advierten y sus declaraciones anuncian? ¿Neta?