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EL CAMPO NO AGUANTA MÁS

Producir los alimentos para más de 130 millones de mexicanos no es un asunto
menor, al contrario, las políticas de apoyo al campo deben ser las de más alta
prioridad para cualquier gobierno. Así fue en México durante los gobiernos
emanados de la revolución, sus políticas fueron de tal magnitud que sus críticos
las denominaron “paternalistas”.
Y es que cuando un grupo de campesinos no tenía tierra para trabajar se la
pedían a la Reforma Agraria y “papá gobierno” se las daba, en 75 años se
repartieron más de cien millones de hectáreas a aproximadamente 30 mil ejidos y
comunidades.
Cuando esos núcleos agrarios necesitaban semilla para sembrar iban a la
Productora Nacional de Semillas (PRONASE) y “papá gobierno” les daba semilla
mejorada.
Cuando necesitaban agua para regar o para el ganado, iban a la Secretaría de
Recursos Hidráulicos que después se convirtió en la Comisión Nacional del Agua
y “papá gobierno” les perforaba pozos o les construía bordos y presas con canales
de riego. De gran ayuda fue la atinada decisión de la CFE de establecer tarifas
preferenciales a los pozos agrícolas.
Cuando requerían fertilizante iban a FERTIMEX y “papá gobierno” les daba
fertilizante; y si necesitaban asegurar su cosecha para protegerse de posibles
sequías o heladas, iban a la Aseguradora Nacional Agrícola y Ganadera
(ANAGSA) que después se convirtió en AGROASEMEX y “papá gobierno” les
aseguraba sus cultivos.
Y si requerían financiamiento para la compra de tractores, implementos e insumos,
iban a BANRURAL que luego se convirtió en Financiera Rural y “papá gobierno”
les daba crédito barato, de hecho muchos créditos otorgados por el banco nunca
se pagaron.
Y si querían un precio justo para sus productos, “papá gobierno” a través de la
CONASUPO fijaba los denominados precios de garantía y apoyaba a los
productores con el acopio, distribución y comercialización de sus cosechas.
Simultáneamente se abrieron escuelas y casas de salud en todas las rancherías,
se electrificaron y se construyeron infinidad de caminos de terracería. Fueron los
años del desarrollo estabilizador en los que nuestra economía crecía al 9%.

Sin embargo en 1988 llegaron al gobierno los economistas y dijeron que el
paternalismo había sido un fracaso porque el campo mexicano era improductivo y
los campesinos no salían de la miseria; reformaron la Constitución para finalizar el
reparto de tierras, desapareció la Reforma Agraria, desapareció la Productora
Nacional de Semillas, se dejaron de construir presas y canales para riego, se
privatizó Fertimex, se liquidó Banrural y también la Conasupo.
Después de desmantelar todo este entramado institucional, se firmó el TLC y se
puso a competir a nuestros ejidatarios con los productores de California y los
rancheros de Texas. Para supuestamente homologarlos, Salinas de Gortari optó
por darles dinero, así nació el PROCAMPO, pero el apoyo era a cambio de que
sembraran, si no había siembra no había dinero; éste programa hoy se llama
PROAGRO.
Pues han pasado más de treinta años desde que se abolió el paternalismo y el
campo sigue igual de improductivo y el campesino igual de pobre. Actualmente
importamos veinte millones de toneladas de maíz al año, también trigo, arroz,
sorgo, soya, algodón, leche y carne de cerdo, entre otros productos básicos;
seguimos muy lejos de la anhelada autosuficiencia alimentaria.
Para acabarla de amolar, los grupos delincuenciales extorsionan o desaparecen a
los productores y en nuestras terribles carreteras asaltan a quienes transportan
sus frutos. Los casos más sonados son los de los limoneros y aguacateros, pero la
misma suerte corren cañeros, cafetaleros y ganaderos.
¿Y qué está haciendo al respecto la Cuarta Transformación? Por lo pronto este
año resucitó la PRONASE, ahora se llama Productora de Semillas para el
Bienestar y está en Calera; los fertilizantes que producía Fertimex ahora se
importan; los precios de garantía y los servicios de acopio y distribución que llegó
a proporcionar la Conasupo ahora son responsabilidad de la corruptisima
SEGALMEX que este año se fusionará con DICONSA.
Así las cosas, los bloqueos carreteros de esta semana son totalmente entendibles;
insistir en que atrás de las movilizaciones está la oposición, la derecha o
Frankenstein es no querer ver la realidad, la realidad es que el campo no aguanta
más y alguien tiene que recordarle a nuestra presidenta que de este sector no solo
depende la alimentación de su pueblo, no, también depende la paz social.

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