Por: Arturo Nahle García
En 1999, a solo un año de haber tomado posesión, Hugo Chávez impulsó una
nueva Constitución que permitía la reelección presidencial consecutiva, diez años
después la reformó para para permitir la reelección indefinida; fue así como se
reeligió en el 2000, en el 2006, en el 20012 y lo hubiera hecho mil veces pero el
cáncer se lo impidió.
Chávez nacionalizó industrias estratégicas e implementó una serie de programas
sociales para ampliar el acceso de la población a la alimentación, la vivienda, la
salud y la educación. La calidad de vida aparentemente mejoró, pero al final de su
presidencia la economía del país empezó a tambalear, la pobreza y la inflación se
dispararon, apareció la escasez e inició la crisis energética, todo por las
equivocadas políticas económicas de su gobierno como el control de precios y el
gasto excesivo e insostenible.
Venezuela también experimentó un aumento significativo de la criminalidad y la
corrupción, retrocedió como democracia liberal al censurar e intimidar a la prensa,
modificar leyes electorales y arrestar o exiliar a los críticos; Chávez fue acusado
de violar sistemáticamente los derechos humanos y hasta de traficar drogas a
través del Cartel de “Los Soles”.
A su muerte lo sucedió Nicolás Maduro, quien tramposamente le arrebató la
presidencia al opositor Henrique Capriles, Maduro gobernó por decreto durante la
mayor parte del tiempo generando una grave crisis política, económica y social,
aumentó la delincuencia, la inflación, la pobreza y el hambre.
Las protestas sociales fueron permanentes provocando un descenso estrepitoso
de su popularidad, la crisis se incrementó con la victoria de la oposición en las
elecciones parlamentarias del 2015 y el inicio de un referéndum para revocarle el
mandato, pero no hubo resultados porque Maduro concentraba el control
del Órgano Electoral, del Poder Judicial y las Fuerzas Armadas.
En mayo del 2018 adelantó las elecciones y se reeligió por seis años más; y es
que los líderes opositores fueron encarcelados, exiliados o inhabilitados para
participar, no hubo observadores internacionales y se amenazó a los electores con
perder sus trabajos o ayudas sociales si no votaban por él. La oposición, 51
países, la OEA, la Unión Europea y el Grupo de los 7 no reconocieron su
reelección.
La gota que derramó el vaso fueron las elecciones presidenciales del 2024, el
candidato opositor Edmundo González Urrutia obtuvo un aplastante triunfo pero el
Consejo Nacional Electoral de manera fraudulenta le dio el gane a Maduro; medio
mundo desconoció el resultado oficial, la otra mitad pidió un recuento transparente
de los votos que nunca ocurrió.
Un informe de la OEA determinó que durante su gestión se cometieron crímenes
de lesa humanidad, la ONU reportó más de diez mil ejecuciones extrajudiciales y
prácticamente la cuarta parte de los venezolanos se vieron obligados a salir del
país.
Por todo ello, desde el 26 de marzo de 2020 el Departamento de Justicia de
Estados Unidos emitió una orden de captura contra Maduro con una recompensa
de 15 millones de dólares por cargos relacionados con narcotráfico.
Trump incrementó la recompensa a 50 millones y desde agosto desplegó al Caribe
buques militares con misiles, submarinos nucleares, aviones supersónicos y más
de cuatro mil marines. El otorgamiento del premio Nobel de la Paz a la líder
opositora María Corina Machado fue otro aviso de lo que venía.
Finalmente este sábado sucedió lo que inexorablemente iba a suceder, Estados
Unidos invadió Venezuela, capturó a Maduro y se lo llevaron preso a Nueva York.
El gobierno dictatorial de Maduro era absolutamente ilegítimo y reprobable, sí,
pero la invasión Yanqui a una nación soberana también lo es; lo ideal era que los
propios venezolanos resolvieran su terrible situación por la vía democrática, eso
era imposible con Maduro en la presidencia.
Así las cosas, solo tenían de dos sopas: o un golpe de estado, lo cual significaba
sustituir una dictadura por otra dictadura; o una revolución que hubiera costado
miles de vidas. Por todo ello, pareciera que la invasión extranjera fue “el mal
menor”, los gringos entraron por su presa, se fueron y el poder lo asumió quien
constitucionalmente debía asumirlo, todos contentos !
Pues no, no todos están contentos, la nueva presidenta Delcy Rodríguez y su
hermano Jorge que lidera el Congreso son los principales cómplices de las
atrocidades de Chávez y Maduro, lo mismo que Diosdado Cabello, Ministro del
Interior y de Justicia y Vladimir Padrino, Ministro de Defensa. La caída de Maduro
no es el cambio de régimen que Venezuela necesita, esto ocurrirá hasta que haya
nuevas elecciones, ojalá sea pronto.

