
Por Israel González///////
En tiempos donde la política suele verse atrapada entre discursos reciclados y promesas huecas, en Jerez comienza a dibujarse una narrativa distinta. La figura de Rodrigo Ureño representa, para muchos, la nueva cara de la política local: una que no necesita máscaras ni artificios para conectar con su gente.
Hablar de autenticidad en el servicio público no es cosa menor. En un entorno donde la desconfianza ciudadana ha crecido con los años, encontrar a un presidente municipal que camina las calles, escucha sin intermediarios y responde de frente marca una diferencia clara. Rodrigo Ureño no construye personajes; se presenta tal cual es: directo, sencillo y transparente. Esa naturalidad, lejos de ser una estrategia, parece ser su mayor fortaleza.
Su estilo es cercano. No gobierna desde la distancia del escritorio, sino desde la presencia constante en colonias, comunidades y espacios públicos. Está puesto y dispuesto. No evade los temas complejos ni se esconde ante los reclamos. Al contrario, los enfrenta con arrestos y con la convicción de que gobernar implica dar la cara en los momentos buenos y, sobre todo, en los difíciles.
Hay en su manera de ejercer el poder una energía de quien está “echado para adelante”. No se trata solo de administrar, sino de impulsar.
De tomar decisiones. De asumir costos cuando es necesario. Esa determinación, combinada con una sencillez genuina, rompe con la idea tradicional del político distante y acartonado.
Pero quizá lo más relevante es el mensaje que proyecta: la política puede ser humana. Puede ser honesta. Puede ser cercana. Puede ser clara.
En Rodrigo Ureño se percibe un liderazgo que entiende que la confianza no se exige, se construye día a día con coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
En un municipio con historia, identidad y orgullo como Jerez, la ciudadanía no busca discursos grandilocuentes; busca resultados y trato digno. Y en esa ecuación, la autenticidad pesa más que cualquier campaña.
Si la nueva política significa transparencia, cercanía y carácter, entonces Rodrigo Ureño encarna ese cambio verdadero. No como un eslogan, sino como una forma de ser y de gobernar.

