
Por: ISRAEL GONZÁLEZ ///////////////
En tiempos donde muchos dan por sentado el destino de los partidos políticos, en Zacatecas ocurre algo que rompe con la narrativa nacional: el PRD tiene vida.
Es cierto, el Partido de la Revolución Democrática perdió su registro a nivel nacional. Para algunos, eso significaba el acta de defunción automática. Pero en política, como en la vida pública, las siglas no siempre determinan la fuerza real de un proyecto. En Zacatecas, el PRD no solo resiste: se reorganiza, se redefine y encuentra en sus liderazgos locales una nueva etapa.
La política estatal tiene memoria. No sería la primera vez que al PRD lo dan por muerto y termina siendo vehículo de figuras que cambian el tablero. En distintos momentos de la historia reciente de Zacatecas, cuando parecía debilitado, fue precisamente esa condición la que permitió reinventarse y abrir espacio a perfiles frescos, competitivos y cercanos a la gente.
Hoy, la carta más fuerte de competencia del perredismo zacatecano tiene nombre y apellido: Rodrigo Ureño, Presidente Municipal de Jerez. Desde un perfil auténtico, sin estridencias y apostando al trabajo constante, ha logrado posicionarse entre los cuatro principales gobernantes municipales del estado.

En un escenario político cada vez más polarizado, su estilo cercano y de resultados concretos le ha permitido trascender las fronteras partidistas y conectar con distintos sectores sociales.
La fortaleza de un proyecto político no se mide únicamente por su registro nacional, sino por su capacidad de representar causas locales, de construir estructura territorial y de generar confianza ciudadana.
En ese sentido, el PRD en Zacatecas tiene un activo invaluable: gobierno en funciones, presencia territorial y un liderazgo que hoy destaca en la evaluación pública.
El proceso que se avecina en 2027 podría traer más de una sorpresa.
Cuando muchos anticipan escenarios lineales, la política suele ofrecer giros inesperados. Si algo ha demostrado la historia reciente es que los partidos que saben reinventarse, que entienden su contexto y que construyen desde lo local, pueden convertirse en protagonistas cuando menos se les espera.
En Zacatecas, el PRD no es una sombra de lo que fue; es un proyecto que busca redefinirse. Y en ese camino, nombres como el de Rodrigo Ureño podrían no solo representar una candidatura competitiva, sino también el símbolo de una nueva etapa para una fuerza política que, contra pronóstico, sigue de pie.

