POR SANTOS GONZÁLEZ HUERTA,
DIPUTADO DE MORENA/////////////////////////
El pasado fin de semana se llevó a cabo en la Ciudad de México una sesión del Consejo Nacional de Morena que dejó un mensaje claro: nuestro movimiento continúa creciendo, pero sobre todo continúa organizándose.
Más allá de las definiciones internas o de los calendarios que comienzan a delinearse rumbo a los procesos de 2027, lo verdaderamente relevante fue la reafirmación de una idea central: Morena sigue siendo un movimiento que se construye desde el territorio y desde la cercanía con la gente.
Es natural que, conforme se acercan los procesos electorales, comiencen a surgir aspiraciones legítimas para distintos cargos públicos.
Así ha sido siempre en la vida democrática. Sin embargo, el mensaje que se expresó con claridad es que antes que cualquier proyecto personal está el proyecto colectivo. La transformación que
vive México no es obra de una sola persona ni de un momento electoral; es el resultado de un movimiento social amplio que se ha construido con la participación de millones de ciudadanos.
En ese sentido, el Consejo también fue un espacio para reconocer el crecimiento organizativo del movimiento.
Morena hoy cuenta con una presencia territorial cada vez más amplia, con más personas que se afilian, que participan y que se organizan
en sus comunidades. Ese fortalecimiento no es menor. Habla de un movimiento que sigue generando confianza y que continúa siendo visto por muchos mexicanos como una herramienta para impulsar cambios reales en la vida pública.
Otro de los puntos relevantes fue el respaldo a las reformas que buscan fortalecer nuestra democracia. Particularmente, la discusión sobre la reforma electoral ha puesto sobre la mesa la necesidad de revisar reglas que durante muchos años sirvieron a intereses de élite y que hoy deben responder de mejor manera al principio de que el poder público debe estar verdaderamente al servicio del pueblo.
Abrir ese debate es sano para la democracia y es parte del proceso de transformación institucional que vive el país.
Pero más allá de los temas organizativos o de las discusiones legislativas, el fondo del mensaje es claro: Morena no puede perder su esencia.
Nuestra mayor fortaleza no está únicamente en las instituciones o en los procesos electorales, sino en la relación directa con la gente. En caminar las colonias, escuchar a las comunidades, acompañar las causas sociales y trabajar todos los días por mejorar las condiciones
de vida de las y los mexicano.
De cara al futuro, habrá tiempos para las definiciones políticas y para la participación en los distintos procesos democráticos.
Eso forma parte natural de la vida de cualquier movimiento político.
Sin embargo, lo verdaderamente importante es mantener claro el rumbo: seguir organizándonos, seguir creciendo y, sobre todo, seguir trabajando junto al pueblo.
Porque al final, la transformación no se sostiene sólo en elecciones. Se sostiene en la convicción de millones de personas que creen que un país más justo, más democrático y con mayor bienestar es posible.
Y esa convicción, hoy más que nunca, sigue viva.
Fin
