
Por: Israel González, Coordinador de Comunicación Social de Jerez //////////////////////////////////////////////
En el imaginario político zacatecano, el Sábado de Gloria en Jerez es uno de los escaparates públicos más importantes para los aspirantes y suspirantes a cargos públicos. Los tapancos son, literal y metafóricamente, plataformas para mostrar el capital social con el que cuentan las personalidades del estado. Es por ello que esta celebración sirve como un termómetro muy preciso para medir la correlación de fuerzas entre los protagonistas del tablero del poder local.
De estos actores podemos dividir dos claros y obvios grupos: los perdedores y los ganadores.
Entre los bañados de gloria tenemos dos evidentes laureados: Rodrigo Ureño y Fito Bonilla. El primero demostró que la opinión popular, aunque dividida por la naturaleza misma de la democracia liberal, le resulta favorable. Una convocatoria masiva, no sólo de amplios sectores civiles, sino también atendida por nombres eminentes de la ya iniciada lucha electoral rumbo a 2027.
Este día consolidó la narrativa de que Ureño es el primer perredista del estado, el cuadro más fuerte del camaleónico Sol Azteca.
Por su parte, Bonilla, en su consabida prudencia, escuchó el atronador susurro que anhela declararlo el indiscutible líder de la oposición al oficialismo. La evidencia gráfica que se viralizó en redes de forma casi inmediata muestra lo deseoso que está casi todo el antimonrealismo por tener en quién depositar un voto útil y polarizado. La narrativa de este fresnillense oponiéndose a esos otros fresnillenses es poderosa, y un peligro real para la herida dinastía de los de Puebla del Palmar. Y el constante flujo de cortesanos en busca de su saludo y favor es una evidencia incontrovertible de ello.
Dicho esto, están los grandes perdedores de la tarde, y no tanto por una reacción negativa generalizada, sino por algo aún peor en los términos de la batalla mediática: los irrelevantes. De mayor a menor insignificancia comenzamos con Pepe Saldívar, alcalde de Guadalupe, consentido del gobierno estatal, protector de los esquemas de financiación interna del morenismo verdaderamente existente en Zacatecas, y con todo ello, pasó tan desapercibido que la mayoría ni se enteró de su asistencia al evento. A pesar de que su nombre se ha barajado discretamente entre las posibilidades de competir por la gubernatura, en caso de que el siglado vaya para hombre y el actual Ejecutivo del estado tenga que recurrir al fondo del barril en búsqueda de sucesor, Saldívar mostró que, fuera de las tierras en que Trash recoge la basura, es un cero a la izquierda.
Rodrigo Reyes hizo lo que sabe hacer: dar la cara por David Monreal, aunque esto no sirva realmente para nada; continuar con una de las peores estrategias de comunicación política vistas en este país, no dudo que se harán manuales completos usándola como ejemplo de lo que no se debe hacer; y, por último, enterrar cualquier posibilidad de crecimiento profesional bajo el titánico peso de la incompetencia davidista.
Verónica Díaz tendría un párrafo similar al de Saldívar si no fuese porque en ella se han gastado obscenas cantidades de dinero en un fallido intento por promover su imagen, y que, como lo demuestran las dos o tres mismas fotos tristes publicadas, pocos sintieron la necesidad de ir a mostrarle sus respetos. Espero que Díaz sepa que no cuenta con el apoyo de las bases, que pocos la conocen y que quienes sí la ubican le confieren, por cercanía, las animadversiones, que no son pocas ni injustificadas, que le tienen al actual gobierno estatal. Vero no fue abucheada, fue ignorada, que en política es bastante peor.
Pero, como siempre, el más derrotado de la noche fue el gran ausente: David Monreal. Todos, absolutamente todos los que tienen un mínimo de noción de la política zacatecana tienen la certeza de que David no fue por miedo a que el episodio de Sombrerete se repitiera a mayor escala, por el orden de magnitud que representa el Sábado de Gloria. La carrera de David y su camarilla por descarrilar Morena Zacatecas es digna de estudiarse, porque, como se ha mencionado antes, los frentes de batalla no son sólo contra una oposición dispersa que ruega por liderazgo sólido, o contra todas las demografías que han sido agraviadas este último lustro (mujeres, campesinos, madres buscadoras, burocracia y un larguísimo etcétera); su más grande lucha es contra las más altas cúpulas de la 4T.
Claramente, la presidenta Sheinbaum ha realizado una operación de apaciguamiento de sus cuadros rebeldes, entre ellos Ricardo Monreal, y en ese fuego cruzado David ha salido mortalmente herido; no es que no lo tuviera merecido por mérito propio.
Si Afganistán es la tumba de los imperios, Jerez es la tumba de aspiraciones.
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