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FESTIVALITIS

 

Por: Arturo Nahle García

 

En 1986, a escasos meses de haber tomado posesión, el gobernador Genaro Borrego promulgó la Ley que creó el Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde”; al año siguiente, en el Teatro Calderón, inauguró el primer Festival Cultural de Zacatecas.

A lo largo de estas cuatro décadas se fueron agregando otros festivales con un propósito no solamente cultural sino también turístico; en 1996, Arturo Romo inauguró el primer Festival del Folclor Internacional “Gustavo Vaquera”; en el 2002, Ricardo Monreal inauguró el primer Festival Internacional de Teatro deCalle; en el 2008, Amalia García inauguró el primer Festival Internacional de Jazz y Blues; en el 2014, Miguel Alonso inauguró el Festival del Corrido “Antonio Aguilar”.

El último día de su gobierno Alejandro Tello publicó una nueva Ley de Cultura y dentro de las atribuciones del Instituto se incluyó la de organizar estos festivales,el premio Iberoamericano “Ramón López Velarde”, operar la Ciudadela del Arte, la Fototeca del Estado, la Cineteca, el Centro Estatal de las Artes, teatros y museos.

El Instituto también administra la Orquesta de Cámara y el Coro del Estado, difunde ediciones y publicaciones culturales, promueve ferias y exposiciones, entre otras cosas, extrañamente la ley nada dice sobre la Banda Sinfónica del Estado.

Pues el gobernador David Monreal no se quiso quedar atrás y en el 2022 inauguró el primer Festival de Día de Muertos y en el 2024 el Festival de Luces Navideñas.

Si a todas estas festividades agregamos la Feria Nacional de septiembre, los Congresos Charros y los festejos del Día del Niño, del Día de las Madres, las posadas, etcétera, podremos imaginarnos la millonada que gasta el gobierno en estas actividades que, la verdad, poco o nada turismo nos generan.

Algunos municipios se han contagiado de esta festivalitis; en Jerez, por ejemplo, hay un festival de la tostada, en Guadalupe un alcalde de triste memoria inventó el Festival de Julio, el presidente de la capital se acaba de sacar de la manga el Festival del Pan, en fin, al pueblo pan y circo, y cuando escasea el pan, pues a incrementar el circo.

Yo me quedo con los sencillos pero muy emotivos festivales que de manera regular se realizan en cada una de nuestras escuelas, sobre todo aquellos en los que mis maestras me obligaban a declamar:

Sólo faltaba un brindis, el de Arturo, el del bohemio puro, de noble corazón y gran cabeza; aquél que sin ambages declaraba que solo ambicionaba robarle inspiración a la tristeza.

Por todos estrechado, alzó la copa frente a la alegre tropa, desbordante de risas y contento; los inundó en la luz de una mirada, sacudió su melena alborotada
y dijo así, con inspirado acento:

-Brindo por la mujer, mas no por ésa en la que halláis consuelo en la tristeza, rescoldo del placer ¡desventurados!; no por esa que os brinda sus hechizos cuando besáis sus rizos artificiosamente perfumados.

Yo no brindo por ella, compañeros, siento por esta vez no complaceros. Brindo por la mujer, pero por una, por la que me brindó sus embelesos y me envolvió en sus besos: por la mujer que me arrulló en la cuna.

Por la mujer que me enseñó de niño lo que vale el cariño exquisito, profundo y verdadero; por la mujer que me arrulló en sus brazos y que me dio en pedazos,uno por uno, el corazón entero.

¡Por mi madre! bohemios, por la anciana que piensa en el mañana como en algomuy dulce y muy deseado, porque sueña tal vez que mi destino me señala el camino por el que volveré pronto a su lado.

Por la anciana adorada y bendecida, por la que con su sangre me dio vida, y ternura y cariño; por la que fue la luz del alma mía, y lloró de alegría sintiendo mi cabeza en su corpiño.

Por esa brindo yo, dejad que llore, que en lágrimas desflore esta pena letal que me asesina; dejad que brinde por mi madre ausente, por la que llora y siente que mi ausencia es un fuego que calcina.

Por la anciana infeliz que sufre y llora y que del cielo implora que vuelva yo muy pronto a estar con ella; por mi madre, bohemios, que es dulzura vertida en mi amargura y en esta noche de mi vida, estrella.

El bohemio calló, ningún acento profanó el sentimiento nacido del dolor y la ternura,
y pareció que sobre aquel ambiente flotaba inmensamente un poema de amor y de amargura.

 

“Con cariño y solidaridad a mi hermano Paco Elizondo”

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