Por Verónica Díaz
Para Zacatecas, la iniciativa de reforma a la Ley de Vivienda presentada por nuestra querida Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, representa mucho más que un cambio de palabras, es el reconocimiento de que tener un techo propio no es un privilegio, sino un derecho humano que el Estado debe garantizar, y de que ese derecho pertenece a cada persona, no únicamente a quienes durante décadas lograron entrar a los esquemas formales.
Durante años, la época neoliberal trató la vivienda como mercancía, se construyeron casas lejos de escuelas, empleos y servicios; se entregaron créditos impagables que asfixiaban a las familias trabajadoras; y se levantó un muro invisible, para acceder a una vivienda había que estar inscrito en un sistema de seguridad social, como si millones de trabajadoras y trabajadores del campo, del comercio informal, de la autoconstrucción, no existieran para el Estado. Hoy, esa realidad se transforma.
La iniciativa impulsada por nuestra Presidenta —que forma parte de las 27 reformas que en este segundo piso de la Cuarta Transformación hemos venido aprobando en el Senado— sustituye el viejo concepto de “vivienda digna y decorosa” por el de “vivienda adecuada”, y lo define con siete elementos concretos: accesibilidad, adecuación cultural, asequibilidad, habitabilidad, disponibilidad de servicios, seguridad en la tenencia y buena ubicación.
Hay un cambio de fondo que no es menor, donde la ley antes hablaba de “familia”, ahora habla de “persona”; se reconoce así, de manera plena, el derecho individual a la vivienda.
Así armonizamos la ley secundaria con la reforma constitucional a los artículos 4o. y 123, aprobada en diciembre de 2024, que amplió el objeto del Infonavit para otorgar crédito accesible y suficiente, construir vivienda y ofrecer arrendamiento social con opción a compra.
Esto significa algo muy sencillo, pero muy poderoso, las 8.5 millones de trabajadoras y trabajadores derechohabientes que ganan hasta dos salarios mínimos y aún no tienen casa propia, por fin podrán aspirar a un crédito asequible que no comprometa su mesa ni la educación de sus hijas e hijos.
Pero también significa algo más profundo, en México, 8 millones 381 mil 545 viviendas —donde habitan más de 30 millones de personas— se encuentran en rezago habitacional, por eso, la reforma faculta a los organismos públicos de vivienda a adquirir, rehabilitar, construir y financiar viviendas, a impulsar la autoproducción y autoconstrucción —algo profundamente novedoso— y a urbanizar terrenos para conformar unidades habitacionales, siempre salvaguardando el patrimonio de los fondos y los derechos adquiridos de las personas trabajadoras.
Como mujer y como Senadora de la República, he votado a favor de esta reforma con convicción, porque reconoce una deuda histórica con las personas trabajadoras y porque amplía derechos sin incrementar el gasto público, garantizando que cada peso de los fondos de vivienda se use con eficiencia, justicia social y pleno respeto a los derechos de quienes ahorran toda una vida para tener un techo propio.
Porque en la Cuarta Transformación lo tenemos claro: un hogar no es un lujo, es el lugar donde comienza el bienestar, y cada familia zacatecana que por fin pueda llamar “casa propia” a cuatro paredes y un techo, será la prueba viva de que con el pueblo todo, y sin el pueblo nada.

