En 1970 México organizó la novena edición del Campeonato Mundial de Futbol, la
inauguración fue el 31 de mayo en un majestuoso estadio Azteca construido
cuatro años antes, México y la Unión Soviética empataron a ceros ante más de
cien mil espectadores. La inauguración la hizo Gustavo Díaz Ordaz, le quedaban
seis meses para entregar la silla a Echeverría y estaba muy fresca la matanza de
Tlatelolco, la rechifla al duro presidente fue estruendosa.
Pero en los días siguientes el vergonzoso numerito se olvidó, los mexicanos
estábamos fascinados viendo en televisores a color al rey Pelé, a Franz
Beckenbauer, Tostao, Rivelino y Bobby Charlton, entre otros.
16 años después el mundial se celebraría en Colombia, no lo pudo hacer por su
situación económica y la falta de infraestructura; México entró al quite, fuimos el
primer país en organizar dos veces la Copa del Mundo y ser testigos de la gloria
de Maradona. Miguel de la Madrid acudió al coloso de Santa Úrsula a inaugurar el
campeonato, habían transcurrido apenas ocho meses de los terremotos de 1985 a
los que su gobierno reaccionó tardíamente, la rechifla al presidente fue espantosa,
yo fui testigo.
Pero el enojo de los mexicanos no solo era por los terremotos, la situación
económica era catastrófica, la inflación anual superaba el 105% y la devaluación
era peor, en 1982 de la Madrid recibió el peso en 150 por dólar, para el mundial de
1986 ya estaba en 637 pesos por dólar.
Todos sabíamos que así le heredó las cosas López Portillo, que el boom petrolero
que generó el descubrimiento de Cantarel y los altos precios del petróleo se
convirtió en una pesadilla cuando súbitamente los precios de los hidrocarburos se
fueron al suelo, las tasas de interés se fueron a las nubes y la fuga de capitales
operada por los bancos fue inevitable; sí, pero de la Madrid era corresponsable.
Si en 1986 a de la Madrid le fue “de la patada” en el estadio Azteca, a López
Portillo le fue peor, en los lugares donde se aparecía la gente le ladraba, optó por
enclaustrarse hasta su muerte con Sasha Montenegro en la famosa “Colina del
Perro”.
Pues 40 años después México será el primer país que organice tres mundiales, la
inauguración será dentro de 15 días, por los antecedentes que acabo de relatar la
presidenta Claudia Sheinbaum ya dijo que no asistirá a inaugurarlo,
probablemente lo hará desde el zócalo arropada por sus correligionarios de
Morena.
Presidentes demócratas, fascistas como Mussolini, reyes carismáticos como el de
Suecia o Isabel II de Inglaterra, dictadores como Putin y hasta emires árabes, han
inaugurado todos los mundiales, aun así nuestra presidenta ya dijo que ella no lo
hará, es más, el Rey de España vendrá a Guadalajara a un partido y dijo que
tampoco lo acompañará.
El mundial es el evento más visto del planeta, el último en Qatar tuvo una
audiencia de 5 mil millones de aficionados; solo la final entre Argentina y Francia
tuvo un récord histórico de más de 1,400 millones de espectadores simultáneos,
no podía ser de otra forma con Messi y Mbappé en la cancha.
Hará bien nuestra presidenta en no inaugurar el mundial, le puede ir peor que a
Díaz Ordaz y de la Madrid; su antecesor, López Obrador, le entregó un país
dividido, polarizado y ahora agraviado por los abominables escándalos de
corrupción como Segalmex, el huachicol fiscal, Adán Augusto, la Barredora,
Rocha Moya y Andy, entre otros. Por si fuera poco, los maestros anunciaron que
aprovecharán el campeonato para mostrar al mundo su inconformidad y la de
otros sectores.
La mayor parte de este mundial será en Estados Unidos, por eso soy de la opinión
que la inauguración la haga a control remoto Donald Trump, así podremos los
mexicanos, al unísono, mentarle su madre; nos urge una catarsis, desahogarnos,
echarle la culpa a alguien de todo lo que nos pasa: la proliferación de cárteles, el
nulo crecimiento económico, la deuda duplicada, empresas públicas quebradas,
poderes cooptados, gobiernos locales fallidos y redes sociales infestadas de grilla
barata, metástasis.
En fin, que bueno que ya va a empezar el mundial y que durará más de un mes,
pero si a nuestros pesares aquí enumerados se suma un mal desempeño de la
selección nacional, cosa que es altamente probable, no serán pocos los que le
echen la culpa al gobierno por el poco apoyo al deporte reflejado en el desdén
presidencial.
