POR MANUEL IBARRA SANTOS////////////////////////////////////////////////////
Más de 12 acontecimientos criminales de alto impacto se han suscitado en Zacatecas en los más recientes días, sembrando incertidumbre, miedo, pánico y terror entre la población, sin que haya acciones contundentes para prevenirlos y evitarlos.
Las autoridades estatales se han visto rebasadas en sus niveles de actuación, mostrando ineptitud e ineficiencia. Y se ha entrado en nuestro Estado a una etapa virulenta de terrorismo criminal.

De los hechos violentos que han cimbrado a Zacatecas, muchos de ellos, tienen efectivamente el perfil de acontecimientos de terrorismo criminal.
Y el terrorismo criminal es definido como “el uso deliberado de la violencia extrema por parte de las organizaciones delincuenciales, para generar pánico, zozobra y miedo entre la población como medio de control social”. Y eso es lo que pasa en la actualidad en Zacatecas.
Sin contabilizar el número de eventos criminales de los últimos cinco años que han asfixiado y ensombrecido la vida de los zacatecanos, tan sólo en los más recientes días, se han registrado cuatro masacres, en Calera, Tepechitlán, Pánuco y Jerez.
A eso hay que sumar los sofisticados acontecimientos de terrorismo criminal, mediante el uso de explosivos y coches bomba en varias regiones de la entidad, como Villa García, Luis Moya, Villanueva, Tabasco y Ojocaliente, el más reciente.
Todos estos hechos violentos han causado gran dolor y pánico en la población, frente a la insensibilidad e incompetencia oficial.
Lo real es que esta escalada de violencia criminal puede estar asociada a uno de tres escenarios: Primero: La lucha por el control territorial de las organizaciones criminales; segundo: La disputa por el manejo de los bienes patrimoniales de los zacatecanos y de sus recursos económicos; y tercero: la reconstrucción de las alianzas políticas de los delincuentes ante la cercanía del proceso de renovación gubernamental de Zacatecas.
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Las organizaciones criminales y sus aliados están generando un clima de inestabilidad, calentando la plaza, mostrando resistencias ante cualquier cambio del grupo hegemónico en el poder del Estado y/o bien, para lanzar la señar de que es urgente ya el cambio político en Zacatecas, para sanear la vida de la entidad.
Sólo el tiempo nos dirá cual de estas dos hipótesis se cumple: la del cambio o que triunfe la resistencia ante la renovación democrática, lo cual sería una tragedia para los zacatecanos.
Lo que es insostenible es el discurso brabucón, poco racional, de quien afirma desde la oficialidad, de que estos acontecimientos violentos no amedrentan a nadie, mientras la población sufre por la escalada de violencia criminal.
Hoy lo se que requieren son acciones contundentes para prevenir y combatir violencia criminal que sufre la entidad y no conductas cínicas, irresponsables e insensibles, que afectan el desarrollo de Zacatecas.
Lo que es incuestionable, por otra parte, es que todos estos eventos violentos han desmontado la mentira monumental del gobierno de que Zacatecas está en la línea de su pacificación. Eso no se sostiene por falso y ridículo.
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