POR FRENTE FRÍO #22, EL HORARIO ESCOLAR PUEDE CAMBIAR

El horario de clases en Zacatecas puede ser recorrido 1 hora para proteger a los niños y jóvenes que entran a clase de enfermedades respiratorias.

Estos días entrará un nuevo frente frío al estado, con él, las temperaturas bajarán drásticamente, sobre todo en las primeras horas del día. Las autoridades de salud y los dirigentes de las escuelas públicas y privadas, están contemplando recorrer el horario escolar 1 hora como medida preventiva. Esto se decidirá en los siguientes días.

Las autoridades escolares piden que si algún estudiante presenta síntomas de enfermedades respiratorias, evite asistir a clases para evitar el contagio masivo. De igual manera, solicitan continuar usando el cubreboca.

El plagio y la integridad académica

Por: MTRA. AIDA DEL CARMEN SAN VICENTE PARADA

En las últimas semanas se ha escuchado sobre plagio, en mis 10 años de experiencia docente he visto infinidad de plagios, unos más graves que otros, intencionales y no intencionales; no hay nada nuevo, porque la mayoría de los alumnos si pueden hacer trampa lo hacen, debemos de recordar que ellos están en formación, que aún no distinguen la trascendencia de sus acciones, por consiguiente el papel del profesor es esencial, para prevenir, eliminar y sancionar prácticas que atenten contra la integridad académica.

Antes de hablar del papel del profesor en la integridad académica me permito compartir 3 casos de plagio-de los muchos que he visto:

1) En 2015 cuando trabajaba en el seminario de derecho penal de la Facultad de Derecho de la UNAM, llevaron a revisión una tesis que resultó ser un plagio de una tesis de maestría de la Universidad Autónoma de Nuevo León y un blog de internet. Al leer el trabajo se evidenciaba drásticamente el estilo de redacción, en la introducción se apreciaba una introducción propia de un estudiante de nivel licenciatura y el cuerpo de la tesis -que era parte de la tesis de maestría- la redacción era analítica, técnica y profunda. Esto me llevó a buscar párrafos de la tesis en internet y de manera inmediata arrojó la tesis de maestría y otro blog de derecho penal. Le informé lo anterior al maestro Carlos Barragán, director del seminario, y me dijo imprime todas las evidencias y cita a la alumna. Procedí y hablamos con la alumna, no supo qué decir, el plagio era evidente, la sanción fue dar de baja la tesis en el seminario. Aquí lo más triste es que esa tesis fue aprobada previamente por el asesor de tesis, quien nunca se percató del plagio, porque mucho me temo que jamás leyó la tesis ni se tomó la molestia de revisar a profundidad el trabajo, solamente expidió el oficio de aprobación y eso adelanto desde ahora, es falta de integridad académica.

2) En 2019 dos hermanos (hombre y mujer) aspiraban al grado de especialista en derecho civil, ambos entregaron el trabajo de manera extemporánea, yo era parte del sínodo y no deseaba aceptar los trabajos porque no los entregaron en tiempo y forma, pero el presidente del sínodo aceptó los trabajos, así que procedí a revisarlos, de igual manera los estilos de redacción y la falta de citas me pareció sumamente sospechoso, incluso algunas ideas me parecían conocidas, así que busqué y encontré que los chicos habían copiado y pegado de 3 artículos publicados por la UNAM y uno de ellos era de mi asesor de tesis, con quien he trabajado casi 10 años, por eso se me hacía muy familiar la redacción y las ideas. El día del examen pregunté al sínodo sus opiniones sobre los trabajos de los hermanos y me dijeron están pésimos, pero ninguno mencionó el plagio. Me tocaba la primera réplica y sabe Dios que me dio mucha pena porque los chicos habían llevado a sus padres al examen, pero tuve que ser dura, porque ellos tenían esa actitud de descaro y despreocupación, pues creían que nadie se había dado cuenta, pero en la réplica los empecé a cuestionar y les saqué las fuentes originales, total que me tocó salirme porque me llamaron de la dirección, cuando regresé me dijeron los maestros: usted se los puso parejos, ya no teníamos nada que agregar así que suspendimos los dos exámenes de inmediato. Unos meses después me encontré con uno de ellos, el chico me dijo lo siguiente: gracias maestra por el regaño de aquel día, ahora estoy consciente de lo que hice y estoy elaborando mi tesis, espero contar con su ayuda para la revisión.

3) Hace dos años, un aspirante al grado de maestro en derecho, que por cierto era servidor público, presentó un trabajo que, si bien no era como tal un plagio, sí era un compendio de parafraseo de otros trabajos que encontré en internet, así que en la réplica procedí a cuestionarlo, por ejemplo, le dije: ¿qué es el retraso cognitivo? Porque tú hablas de ello en tu trabajo, explícame por favor, obvio no me supo explicar; luego le leí un párrafo que hablaba sobre la diferencia entre retraso cognitivo y  enfermedad mental y le dije no entiendo este párrafo me lo explicas, porque tú lo redactaste, procedió a balbucear incoherencias, porque él tampoco entendía lo que había en su trabajo, esto me llevó a concluir que él pagó para que le hicieran el trabajo, pues no conocía ni entendía lo que había redactado y perdón pero para redactar un trabajo de ese calibre necesitas entender el tema. Las otras réplicas fueron peores y el examen se suspendió.

En los casos anteriormente narrados, los maestros fueron esenciales para prevenir el plagio, sobre todo en el primer caso, y en los otros dos, no tenían director de tesis por la forma de titulación, pero el sínodo, como revisor y aval, tenía la responsabilidad de sancionar el plagio. Esto implica que, si bien los alumnos deben actuar conforme a valores, también es esencial que el maestro pugne por la integridad académica. La facilidad con la que procedieron los alumnos y la desfachatez implica que lo habían hecho antes y que nunca fueron sancionados, porque nadie detectó el plagio, pues sus profesores no solían revisar sus trabajo ni darles retroalimentación.

El profesor es guía y compañero, es quien debe zanjar actividades que comprometan la integridad académica. Todas las acciones educativas y académicas deben estar inmersas en la cultura del respeto, honestidad, sentido de justicia y responsabilidad para impulsar al individuo a vivir con valentía todos los aspectos de su vida. No se trata solo de brindar infinidad de conocimientos ni materiales didácticos sofisticados, necesitamos formar a los estudiantes en el ámbito de la virtud para que vivan con honestidad su vida personal y profesional.

Los profesores deben revisar, conocer la normatividad de la institución en la que trabajan y amonestar a los alumnos que incurran en este tipo de prácticas, además de reflexionar con ellos en torno a la ética y los valores. Por eso es tan difícil ser profesor, no es llegar a clase y entablar un soliloquio es comprometerse a revisar y retroalimentar los trabajos de los alumnos.

Los alumnos son inexpertos por su juventud y algunos les gustan las cosas fáciles y para eso está el profesor, para prevenir, en la medida de lo posible y atajar esas malas prácticas. Vamos a tenerlo en cuenta cuando hablemos de un asesor de tesis que las revisa a vapor y por eso tiene una alta productividad. En ese caso tiene más de un 50% de la culpa si hay plagios o deshonestidad académica.

EL NEGRO DE LA FERIA

gritería de la multitud parece disolverse en un solo y sordo barullo. Millares de sombras se mezclan bajo el rosario de foquillos que engalanan la feria. El péndulo de un gigantesco armatoste agita en su puño cuatro bocas enloquecidas en el fondo de la noche.

Cuando se produce el ruido seco de la pelota contra la guata del turbante -¡prac! ¡prac!- responde el negro con el zumbido del timbre.

El barracón se anima al ver que la cabeza del negro asoma dentro de las fauces del león. El rostro oscuro hace resaltar el blanco empañado de sus ojos. Su mujer se acerca, lo mira y exclama furibunda:

-¡Estúpido! ¡Te estás dejando pegar!

Ella se inclina y recoge del suelo tres bolas de trapo. Luego, se dirige al barandal de madera que separa al público. La gente sonríe con algo de sadismo.

¡Péguenle al negro! La voz de ella suena a cólera.

El negro advierte la saña feroz del público al lanzar el proyectil. Y tuerce el cuello en rápidos giros par desorientar al tirador. La pelota golpea a pocos centímetros de su turbante, en las tablas donde la pintura del león abre la boca perforada en medio del paisaje africano.

Cada vez que una bola golpe el protector del negro, la mujer se enfurece, pues esos tiros se pagan, si son tres, con cajetillas de cigarros, y si uno o dos, con chicles y camotes.

El negro se esfuerza en esquivar los pelotazos, menos dolorosos que las palabras de su mujer. Detrás del cancel, su cuerpo flaco se apoya en un cajón. Las manos, mojadas de sudor, han dejado una huella de suciedad en la madera. La algarabía de la feria lo arrolla en sus altos oleajes; la música estridente exaspera sus nervios.

De pronto, el negro se sumerge fugas en el estómago del león y busca a tientas en la penumbra. Rechina el tapón de una botella; pero, un grito lo hace estremecer. Diligente, ensarta la cabeza en el hueco. La figura de su mujer le cubre la luz.

-¡Infeliz! ¡Es lo único que sabes hacer!

Ella le da la espalda y se aleja unos pasos; al llegar a la mesa, toma con furia una cajetilla de cigarros, y haciendo una mueca, la entrega al triunfador. En seguida, vuelve la vista hacia el negro y lo maldice entre dientes.

La mujer se aproxima, se ha detenido a mitad del local, y sin importarle el público, exclama:

¡Maldito! ¡Mira dónde me has colocado!

A continuación, torna la faz demudada a la muchedumbre y brama:

-¡Péguenle al negro! ¡Péguenle al negro!

En el rostro del negro, lo blanco de las córneas se agitaba con tenues reflejos. Observa a su mujer, al tiempo que una pelota se aproxima. Elude presto el golpe y la bola se estrella en el tablero. Su mirada sigue la silueta de ella. “la quiero -piensa-. Bien sé que la quiero; nada más que ahora parece arraigárseme más, de hacerme sentir mi fracaso, de saber que existe algo que me estruja en esta pesadilla real…”

Al sentir el golpe de la pelota en su cabeza, oprime el botón y el timbre prolongado. Entonces, la humedad de un salivazo resbaló en su pintarrajeada piel. Es la mujer que se acerca y gruñe:

¡Idiota, no sabes hacer nada!

Mientras levanta del piso las bolas, ella no cesa de blasfemar:

-¡Pedirás de comer! ¡Eres tan cínico que todavía te atreves a existir! ¡Bah…!

Una persona del público le tiende unas monedas y la mujer despecha las pelotas, burdas e hilachentas.

El vocerío de la gente que se despatarra en la rueda de la fortuna, en el pulpo, en el salto, en el látigo, en los raudos aviones que dibujan “looping the loops” sobre las estrellas, ensordece el ámbito, de consumo con los magnavoces que anuncian las diversiones de la feria.

Asomado en su agujero como ratón, el negro esquiva la lluvia de pelotas. El público paga por el placer de herir.

Tal vez a causa de una furia contenida, de un odio no disuelto, o a caso por un resentimiento larvado cuya canalización aflora pegándole al negro.

Reclinada en el barandal, la mujer enciende un cigarrillo. Las ojeras polvorientas; algunas arrugas desaparecen bajo la pintura de las cejas. Al vocear, muestra una dentadura incompleta.

El cabello teñido descubre en su raíz hebras blancas y grises. Fuma arrebatada, como si quisiera ahogarse en el humo. Sin retirar el cigarro de sus dedos, atiende al público. Un puñado de monedas de cobre están sobre la mesa, junto a los paquetes de cigarros y de dulces. Ella parece poseída de un rencor extraño; una irritación desenfrenada la impulsa a humillar al hombre. Por eso, se acerca y escupe:

-¡Te odio!

El negro vuelve la mirada a la muchedumbre, simulando una indiferencia inaudita. Ella torna a la carga:

-¡Desgraciado!

Un estallido de rock latiguea los oídos. Es un compás rudo y salvaje que desintegra el ánimo. El ruido de los engranes de los juegos enmudece y el grito de la multitud se pierde en el endiablado ritmo. Los foquillos de la feria son una tira bordaba de luz.

Se oye el pregón de la mujer:

-¡Péguenle al negro! ¡Péguenle al negro!

Los tiradores se abren paso, le pelota en las manos, en seria actitud de jugadores de “base ball”; la vista fija en la cara del negro y con malévolos deseos de partirlo en dos.

De tarde en tarde, el negro bebe unos tragos furtivos, hurtados al mundo. Y todo para que aquello parezca borroso, menos abominable y bestial. Anestesia para el dolor de vivir en el agudo ángulo de la angustia…

– ¿Porqué callas, estúpido? ¡Es lo que me choca de ti!

La mujer alza una pelota; pero, como el suelo está lleno de saliva, se ensucia las manos. Sulfurada, reprocha:

– ¡Cerdo! ¡Mira cómo has puesto el piso! ¡No dejas de ser lo que eres, un marrano asqueroso! ¡Si la gente supiera lo que haces…! ¡Anda! ¡Provócame y veras que me quito la falda para que me vean las piernas! ¡Anda! ¡Anda!…

El negro con la cara brillante de chapopote, permanece inmutable, para que el publico ignore que el monigote tiznado es un ser humano. ¡No! Preferible no responder con esa boca cruel. Preferible cegar el venero del grito.

Las rencorosas pelotas zumba en sus orejas y el ruido tenaz del amplificador de sonidos lastima como pelotazo. Una persona vestida de overol se tambalea, oprime una bola en su tosca mano, y apunta hacia el con crueldad homicida.

Los cansados ojos del negro se arrastran a los pies de ella. “Si al menos no la amara -se dice-; si su destino hubiera dejado de interesarme y pudiera yo mirarla como a cualquier persona del publico. Entonces, tal vez sería lo suficientemente vil para ignorarla. Olvidar ese cuerpo que se mueve de un lado a otro, donde se agita el haz vibrante de sus nervios…”

La mujer se acerca al negro.

-Me acuerdo de lo que dijiste en el velorio del niño. -susurro- ¡Idiota! ¡Cómo si no supieras que tu fuiste el que lo mató!… Y querías un hijo. ¡Je! ¡Je! -ríe histérica- Somos tan pobres que lo fuiste a enterrar en el basurero…

Las palabras de la mujer vibran en su cerebro, le picotean las fibras igual que los cuervos devoran la carroña. Siente como si un veneno lo intoxicara de súbito; sus manos empiezan a temblar. De lo profundo sube una pelota de fuego que le llega a la garganta; ahí, se detiene un instante. El negro lucha para que no salga y la estruja en el esófago con animo de reventarla. Mas aquello es duro e irrompible y resiste y se le atraganta, provocándole un liquido ardiente que le escuece los párpados.

Sus manos temblorosas rebuscan en el suelo la botella. Esta vacía. Con vehemencia la sujeta del cuello y la rompe contra el piso. Después , con los agudos filas se corta las muñecas…

Sí. Quizás el sea el único responsable de todo. Una especie de Quasimodo apedreado.

Y en ímpetu postrero, el hombre levanta el rostro con desafío. Las pelotas comienzan a rebotar en los salientes pómulos, en los ojos, en la nariz y la boca.

-¡Estas borracho! ¡Estúpido!

Protesta exaltada la mujer. Pero, al notar la inmóvil y lacia cabeza, clama enloquecida:

-¡Péguenle al negro! ¡Péguenle al negro!

Y su pregón se pierde en el barrido de la feria que ensordece todo: risas y lagrimas.

CARGOS CRIMINALES CONTRA TRUMP

Este lunes la Cámara de Representantes acordó por unanimidad perseguir al ex-presidente Donald Trump con cargos criminales por las agresiones en el capitolio del 6 de enero de 2021.

Entre los cargos que el comité recomienda perseguir son: incitar o asistir la sublevación y conspiración para crear un falso testimonio.

El Departamento de Justicia de los Estados Unidos tiene una carpeta activa investigando a Trump por el supuesto mal manejo de documentos gubernamentales. 

 

“NO SE VACUNEN”


El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell, pidió a los jóvenes “sanos y fuertes” no vacunarse contra la influenza. 

La razón de la confusa solicitud es dar oportunidad a personas “extremos de edad” (niños y personas adultas mayores) a tener acceso a la vacuna en esta temporada invernal. 

Mientras tanto, estados de la república como Yucatán, Ciudad de México, Sonora y Chihuahua reportan repuntes de enfermedades respiratorias.