Una forma antigua de tenencia de la tierra es el ejido; sin embargo, en nuestro país adquirió la figura que permanece en la actualidad. Fue el general Lázaro Cárdenas del Río quien instituyó el ejido para proveer al campesinado de entonces, la manera honrada de vivir y sobrevivir sin estar esclavizados por los grandes latifundios. Pero no sólo eso, sino para permitir a México que su tierra diera la independencia alimentaria.

¡Pero, Oh sorpresa! Ni una ni otro de esos sueños se ha cumplido. Seguramente los adoradores de Lázaro Cárdenas estarán en desacuerdo, pero la verdad, esa medida fue eminentemente populista (al fin y al cabo, así son la mayoría de los gobiernos de izquierda). Y se preguntarán el porqué de esta aseveración; y les daré respuesta con otra pregunta: ¿acaso toda la superficie ejidal, capaz de ser sembrada y de aportar productos alimenticios, está siendo aprovechada?

También, no faltará quién diga que no, pero culpará de ello a los gobiernos federales y estatales de no dar el apoyo suficiente al campo. Y no les falta parte de razón, pero permítanme decirles que eso no es verdad. Tengo la fortuna de contar con grandes amigos ejidatarios, de los que sí trabajan, que han recibido los apoyos gubernamentales suficientes y necesarios, con los que han salido avante. En el Estado donde vivo, da gusto ver las parcelas sometidas a riego, creciendo y aportando el fruto que nos da la tierra bien trabajada.

Pero, por otro lado, también tengo otros amigos y/o conocidos “ejidatarios”, algunos de ellos por herencia, también, que periódicamente se enriquecen con la indiscriminada repartición de tierras ejidales que les son asignadas en propiedad privada. ¿Cómo lo logran? No lo sé con exactitud, pero las oficinas y autoridades correspondientes, otorgan estas propiedades con las que los “ejidatarios” se despachan con la cuchara grande.

De siempre, las Secretarías con múltiples denominaciones a través de los diferentes sexenios, han hecho la repartición de las tierras con base en decretos y artículos constitucionales. Pero nunca acaban. ¿Será que en nuestra manoseada Constitución se establecen los “cómos y porqués” de este regalo de tierras a los que no las trabajan? ¿De qué privilegios gozan? ¿Acaso no es discriminatorio para otros muchos mexicanos en pobreza? ¿Será que de verdad en México ya se logró la autosuficiencia alimentaria en el campo? ¿Será que hay corrupción en estos hechos?

¿Hasta cuándo sufrido México seguirá esta “arrebatinga” y enriquecimiento indebido? ¿Quién será el que le ponga el Cascabel al Gato?