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Del Derecho a Exigir

Hace apenas unos ayeres, quizá por los años 1955 o 1956, a mediados del fabuloso Siglo XX, el romanticismo se enseñoreaba en nuestro país, principalmente en el Distrito Federal o simplemente México (hermoso nombre para los que tuvimos el privilegio de haber nacido ahí).

Los tríos musicales más famosos competían: Los Panchos, Los Tres Caballeros, Los Tres Ases, Los Tres Reyes, Los Diamantes, Los Jaibos, Los Tecolines, Los Galantes, y otros más, que deleitaban a los oyentes con el romanticismo hecho canción: Sabor a Mí, Cien Años, Contigo a la Distancia, Perdón, etc. Época romántica; ¡cómo te añoramos los que cantábamos esas canciones con las que se llevaban serenata a las amadas!

Románticos también nuestros años de estudiantes. En esos años, cuando el que esto escribe estudiaba en el Instituto Politécnico Nacional, la época de oro del fútbol americano colegial en México. Los Burros Blancos del Poli, los pumas de la UNAM, los Aguiluchos del H. Colegio Militar, los del Centro Universitario México, los de Chapingo. Los “agarrones” entre Poli y Universidad, partidos que se desarrollaban en el estadio olímpico de Ciudad Universitaria, animados por los grupos de “porristas”, de ambos sexos y de ambos equipos, elegantemente uniformados, dirigidos por “el Oso” Oseguera los del Poli y por “Palillo” los de los pumas.

Perdón, ¿dije “porristas”? Pues sí; convivencia entre equipos en pugna deportiva, pero con eso: deportivismo, educación, respeto mutuo. Hoy escucho el término “porros” pero su significado es totalmente distinto; hoy son el equivalente a jóvenes que no estudian; juventud desenfrenada, que se alquilan como grupos de choque, golpeadores, criminales y llegado el caso, ¿porqué no? Homicidas. ¿Quién los patrocina?

No se parecen en nada a los primeros. ¿Culpables? Algunos dirán que las autoridades solapadoras tanto de los centros de estudio como de la Ciudad de México y aún las federales. ¡Hieren, luego existen!

¿Y la población, no la estudiantil, sino la que paga sus impuestos, la que tiene DERECHOS y no los exige? Permite que no se le informe de la realidad y si llega a exigirlos, los agreden o amenazan. Tenemos derecho a saber quiénes

manipulan y pagan a estos grupos de descerebrados e inútiles para la sociedad en su conjunto. Población a la que se le da “atole con el dedo” y la misma que tiene el derecho a saber el porqué la terminación de un nuevo aeropuerto (obra iniciada por el gobierno actual) tiene que someterse a “consulta” por la próxima administración federal, pero la construcción de un tren en el sureste, no.

Una ciudadanía que no exige a sus legisladores y gobernantes se le diga el porqué se violan tanto la Constitución Política de México como la de Chiapas. Una ciudadanía que no exige sus derechos para que se le informe cómo se conformará el presupuesto de egresos para 2019, para cumplir con las promesas de campaña. Una ciudadanía que no exige una explicación de las acciones a tomar por las autoridades universitarias para evitar que el incipiente conflicto estudiantil sobrepase los eventos de hace 50 años. ¡Aguas!

¿Quién será el que le ponga el cascabel al gato?